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Resumen del Libro "Y el Cerebro Creó al Hombre" de Antonio Damasio

Resumen del libro y comentarios en comparación con la Gestalt

Autor:

Resumen y comentarios de Antonio MArtínez

Fecha:

01/07/2011

“Y el cerebro creó al hombre”
Antonio Damasio

Resumen esquema del libro

Parte I.

Enfoque del problema: la visión del sí mismo desde el libro

El autor toma como modelo de filosofía a William James. Y define que al abordar la conciencia, da preferencia a ese sentimiento de ser que es el “sí mismo”.

“sí mismo”  se comprende como el sentido de ser uno mismo, sentir que soy yo mismo.

Frente a la pregunta de si hay un sujeto, o un sí mismo, la respuesta es clara. “efectivamente existe un sí mismo, pero se trata de un proceso no de una cosa, y el proceso se halla presente en todo momento en  que se supone que estamos conscientes” (Damasio, 2010, pág. 26)

Este proceso de si mismo se puede considerar desde dos puntos de vista.
“el mi mismo como objeto” y “el sí mismo que conoce, o si mismo como sujeto”

El mi mismo como objeto (según W. James) es la suma total de todo lo que puedo llamar mío (mi cuerpo, mis facultades psíquicas, incluso mi ropa, mi mujer, mis hijos, mis antepasados, mi reputación, mi dinero y bienes, mis acciones…) Lo importante es que lo que me permite saber que estos elementos me pertenecen, (son parte de mi mismo como objeto) es que la percepción de cualquiera de estas cosas mías genera sentimientos y emociones. Según Damasio estos sentimientos o emociones actúan como marcadores somáticos que permiten distinguir entre lo que es el sí mismo y lo que no lo es.

El sí mismo  como sujeto no es tan fácil de definir (o tan concreto), es el sujeto que conoce, como el “yo”, es una presencia más esquiva. Pero es una presencia muy real y supone un momento decisivo de la evolución biológica. El sí mismo como sujeto se fundamenta en el sí mismo como objeto, manteniendo una continuidad entre ambas.

La simple presencia de imágenes organizadas que fluyen en una corriente mental produce una mente, pero si no se le añaden algún proceso  complementario, la mente se mantiene inconsciente. Y en esa mente inconsciente lo que se echa en falta es el sí mismo. Para hacerse consciente se necesita la “subjetividad” y esta se define por el sentimiento que invade las imágenes de las que tenemos experiencia subjetiva (existe un sentimiento que marca ciertas imágenes, y ese sentimiento hace que podamos sentir subjetividad, que sintamos que esas imágenes son nuestras, propias)

 

Visión de la mente consciente (del cap. 8)
La simple mente consciente es una corriente fluida con objetos en ella. Pero no todos los objetos sobresalen de igual manera, unos aparecen agrandados y otros no, además se relacionan de distinta forma conmigo, y algunos están acompañados de un marcador, sentimiento, que inequívocamente los conecta con mi cuerpo y mi mente. Esta sensación me dice (sin palabras) que estos objetos del flujo son míos, mientras duren, y puedo actuar sobre ellos si lo deseo.
A lo anterior hay que añadir una sensación más profunda, que me dice (sin palabras) que existe mi propio cuerpo y que está presente, con independencia de cualquier objeto con que actúe.

Damasio a este sentimiento lo llama “sentimiento primordial”. Y muestra una valencia o grado de un continuo que va del placer al dolor. Es la función primitiva que subyace a todos los sentimientos y emociones, y por tanto es base de todos los sentimientos que surgen de las interacciones entre objeto y organismo.

Así pues la mente consciente es un compuesto de diferentes imágenes. Un conjunto de estas imágenes describe los objetos en la conciencia. Otras imágenes me describen a mí mismo, y estas imágenes del mí mismo incluyen:
• Que hay un “punto de vista” (punto de oído, punto de tacto…) de los objetos y ese punto de vista es mi cuerpo.
• Que la mente me pertenece. Propiedad
• Que puedo actuar en los objetos. Agencialidad (están a mi mano)
• Que los sentimientos primordiales manifiestan la existencia de mi cuerpo vivo, independiente de los objetos. Corporalidad


El marco teórico:

Un organismo forma una mente a partir de neuronas excitables y organizadas en circuitos. La mente surge cuando la actividad de los pequeños circuitos de neuronas se organiza a través de grandes redes y componen patrones momentáneos.  Estos patrones representan cosas y acontecimientos que se hallan situados fuera del cerebro.
Estos patrones son los “mapas”.
En síntesis el cerebro levanta mapas del mundo a su alrededor así como de sus propias actividades. Estos mapas se experimentan como imágenes  en la mente humana, puede ser una imagen visual, una imagen auditiva, una imagen visceral, una imagen táctil, o de cualquier tipo sensorial.

Esbozo de las ideas principales

El cuerpo es el fundamento de la mente consciente
En el cerebro se representan “imágenes” de los aspectos de las funciones corporales (mapas de imágenes de nuestro cuerpo).
Una hipótesis del libro es que el tipo especial de  imágenes mentales de nuestro cuerpo, que se producen en las estructuras encargadas de acotar en mapas la información sobre nuestro cuerpo (tronco encefálico), constituyen el “proto sí mismo”, que prefigura lo que será el sí mismo.

Estas estructuras cerebrales (tronco encefálico) que generan estás imágenes del cuerpo, están literal y inextricablemente vinculadas al cuerpo, recibiendo del mismo y enviando al cuerpo información continuamente y en ambos sentidos. Estas estructuras del proto sí mismo tiene una relación directa y privilegiada con el cuerpo. El cuerpo es la base del proto sí mismo, como el proto sí mismo es la base del sí mismo, o la mente consciente.

Los mapas o imágenes que forma el proto si mismo (en el tronco encefálico), son imágenes corporales que toman la forma de sentimientos, más concretamente los sentimientos primordiales, presentes de manera espontanea siempre que estamos despiertos y conscientes. Estas sensaciones sentidas proporcionan una experiencia directa del propio cuerpo vivo, desprovista de palabras, sencilla y escueta, y relacionada solo con la existencia pura.

Todos los sentimientos de una emoción son variaciones sobre los sentimientos primordiales.

El sí mismo se construye siguiendo diferentes pasos. El primer paso es la generación de sentimientos primordiales en el proto sí mismo (Tronco encefálico).
El siguiente paso en la formación de esta identidad reflexiva es la del sí mismo central que se ocupa de la acción (núcleos en la región del tálamo), esto es, en concreto, de la relación entre organismo y el objeto. El sí mismo central se despliega en una secuencia de imágenes que describen a un objeto que atrae al proto si mismo y lo modifica.
El tercer paso es el estadio del sí mismo autobiográfico (diversas regiones de la corteza cerebral), definido en términos de conocimiento biográfico que compete al pasado y al futuro anticipado.

El proto sí mismo y el sí mismo central corresponden al mí mismo como objeto, y el sí mismo biográfico al sí mismo como sujeto.

La conciencia humana normal corresponde a un proceso mental en el que todos estos niveles del sí mismo funcionan y dotan a una serie selecta  de acontecimientos mentales de un enlace momentáneo con un pulso del sí mismo central.
La conciencia se obtiene al mismo tiempo de esas numerosas zonas cerebrales.

Cap. 2 regulación de la vida

Dos de los logros más importantes de la conciencia son la gestión y el cuidado eficiente de la vida. Sin embargo, la gestión y el cuidado eficiente de la vida es la premisa fundamental del valor biológico (de la vida).
La conciencia surge dentro de la historia de la regulación biológica, que es un proceso conocido por homeostasis. Las amebas aún sin cerebro o mente, son capaces de mostrar un comportamiento adaptativo.

Tanto la homeostasis básica (biológica inconsciente) como la homeostasis sociocultural (creada por mentes conscientes y reflexivas) operan como conservadoras del valor biológico. Y promueven un mismo objetivo, la supervivencia de los organismos vivos.
La conciencia nace y se hace gracias al valor biológico, como colaboradora más efectiva del valor de la vida. (El sí mismo es un mecanismo de mantenimiento de la homeostasis, y su sentido es mejorar la autorregulación).

Si los cerebros se impusieron en la evolución es pq ofrecen un campo más amplio de regulación de la vida. Los sistemas cerebrales que condujeron a la mente consciente acabaron imponiéndose pq ofrecen posibilidades más amplias de adaptación y supervivencia con una clase de regulación capaz de conservar y extender el bienestar.

En definitiva el sí mismo evoluciona porque facilita la autorregulación de los seres vivos, al prever la relación del organismo y su entorno en el tiempo.

Cap. 3 mapas e imágenes

El rasgo distintivo de los cerebros humanos es la capacidad de generar mapas, y al crear mapas crean imágenes. Los mapas se construyen cuando interactuamos con objetos.
Los primeros mapas son los del propio cuerpo.

Los mapas cerebrales no son estáticos, cambian de un momento a otro para reflejar los cabios que ocurren en las neuronas que los alimentan y que a su vez reflejan los cambios en el interior de nuestro cuerpo y del mundo que nos rodea.

Los mapas no se limitan a patrones visuales sino que se aplican a todo tipo de patrón sensorial. Se ha demostrado que determinados patrones de actividad en cortezas cerebrales sensoriales (imágenes y mapas sensoriales) se corresponden de una forma particular con una clase de objeto.

La mente es la consecuencia de la incesante y dinámica elaboración de mapas en el cerebro. El proceso de la mente es un continuo fluir de este tipo de imágenes, algunas de las cuales se corresponden a cosas reales que suceden fuera del cerebro, y  otras son reconstruidas a partir de la memoria (recuerdo).
Este flujo de imágenes se suele mover hacia delante en el tiempo, de forma lenta o rápida, ordenada o a saltos y a veces el flujo circula siguiendo más de una secuencia al mismo tiempo. A estas imágenes mentales se les confiere mayor o menor prominencia dependiendo del valor para el individuo (desde la regulación de la vida).

Muchas imágenes se pueden formar sin que seamos conscientes de ellas, aun así influyen en nuestro pensamiento y acciones.

 

 


Parte III: SER CONSCIETE. 

Cap. 8 La construcción de una mente consciente.

El sí mimo se forma de forma escalonada
Primer estadio: Proto sí mismo.
El proto sí mismo es una descripción (mapas neuronales) de los aspectos relativamente estables del organismo (cuerpo físico) en la región del tronco encefálico.
Las imágenes de los mapas del proto sí mismo son los sentimientos primordiales (p. Ej. Dolor-placer), que son las sensaciones espontaneas del propio cuerpo. La idea es tener un mapa de la estabilidad del organismo para ayudar a la homeostasis, por eso que cualquier modificación de estos aspectos estables será relevante y se manifestará a partir de los sentimientos primordiales (hay que considerar que un sentimiento tiene un peso muy importante, más que un razonamiento, por tanto son marcadores somáticos muy potentes).
Segundo estadio: Sí mismo central.
Cuando el proto sí mismo es modificado a partir de una interacción entre organismo y un objeto (representado en una imagen del encéfalo), y cuando, en consecuencia, las imágenes del objeto también son modificadas, se genera el pulso del sí mismo central.
Las imágenes modificadas del objeto y del organismo (en el proto si mismo) se enlazan momentáneamente en un patrón coherente (que sería el pulso del sí mismo central). El sí mismo central usa regiones talámicas (del tálamo).
Yo lo entiendo similar a que aparece una figura, focalizar una figura a partir del fondo (proto sí mismo) y del contacto con el entorno (imagen de un objeto)
La relación entre el organismo y el objeto es descrita en una secuencia narrativa de imágenes (secuencia de mapas neurológicos), algunas de las cuales son sentimientos.
Nótese en el sí mismo central lo básico de la interrelación (contacto) entre el organismo (manifestado en las imágenes/sentimientos del proto si mismo) y el entorno (manifestado en las representaciones sensoriales –mapas- de un objeto en el cerebro)
Tercer estadio: Sí mismo autobiográfico.
El sí mismo autobiográfico surge cuando los objetos de la propia biografía generan pulsos de un sí mismo central que son, con posterioridad, vinculados de manera momentánea en un patrón coherente a gran escala.
Este estadio permite que múltiples objetos, previamente registrados como experiencia vivida o como futuro anticipado, interactúen con aquel proto sí mismo produciendo en abundancia pulsos del sí mismo central. El resultado es un sí mismo autobiográfico.
Los objetos previamente registrados se almacenan en ciertas regiones del cortex.

Este mismo orden también se da a escala evolutiva, hay animales de las primeras etapas evolutivas que se limitan a un proto sí mismo, no generando conciencia plena. Más tarde aparecen animales con un sí mismo central capaces de desarrollar conciencia y subjetividad (aunque no autoconciencia). Y más adelante por la ventaja de almacenar información adicional del organismo y del entorno aparecen los recuerdos (almacenados en regiones de convergencia y divergencia), esto permite la aparición de la conciencia plena, con el simbolismo, el lenguaje, la razón y la imaginación.


El Proto sí mismo. (pág. 291)

Se trata de una colección integrada de diferentes configuraciones neuronales que , un instante tras otro registran en mapas los aspectos más estables de la estructura física del organismo.
Los mapas del proto sí mismo, más que imágenes son sentidas, se sienten. Son los sentimientos primordiales del cuerpo, y estos sentimientos están espontáneamente presentes en el cerebro despierto normal.
Estos mapas sentidos se forman en ciertas regiones del tronco encefálico y algunas regiones corticales.
Damasio distingue tres tipos de mapas en el proto sí mismo, mapas interoceptivos, mapas maestros del organismo, y mapas de los portales sensoriales (mapas de los ojos, oídos, piel, nariz y lengua). Estos tres tipos de mapas se integran en diversas partes del cerebro.
Mapas maestros interoceptivos:
Son mapas e imágenes cuyos contenidos se ensamblan a partir de las señales interoceptivas que proceden del medio interno y las vísceras. Informan del estado actual del organismo, este estado puede variar del óptimo, al habitual, y al problemático dependiendo si algún órgano o tejido ha sufrido algún daño. Esas señales denotan (avisan) la necesidad de correcciones fisiológicas, y estas se concretan en la mente en forma de hambre, sed, frio, calor,…
Así mismo estas señales interoceptivas también participan en la elaboración de estados hedónicos (sensaciones de placer).
En un momento determinado, un subconjunto de estas señales, una vez ensambladas y modificadas en ciertos núcleos del tronco encefálico, generan sentimientos primordiales.
Las señales interoceptivas mantienen una invariabilidad o constancia, que será fundamental en la sensación de ser yo (a pesar de los cambios y el tiempo). La esencia del caldo químico en el que tiene lugar la vida es aproximadamente el mismo a los 3 años que a los 50. También la esencia biológica de un estado de miedo o de felicidad son idénticos, los estímulos o causas de un miedo pueden ser muy diferentes, pero el perfil bioquímico de una misma reacción emocional (p.ej. miedo) es siempre muy similar (el mismo). El medio interno y muchos parámetros viscerales asociados a él proporcionan los aspectos más invariantes del organismo, a cualquier edad, a lo largo de la vida, no porque no cambien, sino porque su funcionamiento exige que su estado sólo varíe dentro de un margen extremadamente estrecho (homeostasis). Esta poca variabilidad homeostática, es el fundamento de que la mente reconoce que habita siempre en un mismo cuerpo y esto será la base de la sensación de ser uno mismo.

Mapas maestros del organismo:
Estos mapas describen el esquema del cuerpo entero con sus principales componentes; tronco, cabeza y extremidades. Los movimientos y posiciones del cuerpo son acotados en mapas tomando como fondo el mapa maestro. A diferencia de los mapas interoceptivos, los mapas maestros del organismo cambian notablemente en el desarrollo, pues describen el sistema músculo-esquelético y su movimiento. Prestan atención al movimiento y a los aumentos de tamaño del organismo. Por lo que no pueden ser igual en un niño que en un adulto. Así estos mapas del organismo no pueden ser fuente de ninguna singularidad (invariabilidad), necesaria para construir el proto sí mismo.

Sin embargo el sistema maestro interoceptivo (invariable) tiene que encajar en el sistema maestro del organismo, que se modifica con el desarrollo y el movimiento. Para este encaje no se realiza una transferencia real de mapas, sino más bien una coordinación tal que ambos conjuntos de mapas se puedan evocar al mismo tiempo.

Mapas de los portales sensoriales:
Estos son mapas creados por la representación directa de los órganos de los sentidos. Es decir los ojos ven, y en la corteza visual tenemos las imágenes visuales reflejo de la estimulación de la retina, pero además de esto tenemos mapas interoceptivos del propio órgano del sentido (en este caso el ojo).
Estos mapas de los portales tienen dos funciones, primero la elaboración de la perspectiva (la conciencia o el saber desde donde miramos). Desde chiquititos “sentimos” que miramos con nuestros ojos, y “sentimos” que oímos con nuestros oídos, y esto nos da un punto de perspectiva, que es el lugar desde donde se mira o se escucha algo, y finalmente será el lugar desde donde “yo” miro algo. Sentir y reconocer el punto de perspectiva es un aspecto troncal en la formación de la conciencia y del sí mismo. Estos mapas de los portales se consiguen a partir de la información originada en estructuras corporales en y alrededor del órgano sensorial. Estas estructuras son el “portal sensorial”. Por ejemplo en los ojos el “portal” sensorial incluye músculos oculares (para mover los ojos), el globo ocular, el cristalino, las pupilas y los que permite modificarlas, los músculos faciales alrededor de ojos y párpados, etc…
La información de los cambios de estos mapas de los portales sensoriales, nos permiten saber por ejemplo que estamos viendo o escuchando algo (por ejemplo, siempre que escuchamos vibra el tímpano y se mueven los huesos de oído medio, esto no nos da información de que escuchamos, sino del hecho de que estamos escuchando. Si bien las gamas de los sonidos son muy variables, el hecho de las modificaciones del portal son muy similares, el tímpano se moverá de modo similar independientemente de la onda sonora. Por tanto el portal sensorial ofrece (nuevamente) un espacio de invariabilidad, en medio de toda la variabilidad de los objetos sentidos (variabilidad de las percepciones sensoriales).

La combinación del medio interno (vísceras y medio interno) y el estado basal de los portales sensoriales (que recogen las percepciones del exterior) proporciona una “isla” de estabilidad en un mar de movimiento. Preservando una coherencia relativa dentro de un marco de procesos dinámicos. Esta estabilidad (invariabilidad) será base para la creación del proto sí mismo (otorgando una sensación de identidad que precisa de esta estabilidad).

Además de esta invariabilidad que permiten estos mapas interoceptivos, hay que añadir el hecho de que el cuerpo permanece inseparablemente vinculado al cerebro. Este vínculo sustenta la generación de sentimientos primordiales y la relación única entre el cuerpo como objeto y el cerebro que representa a este objeto. Cuando elaboramos mapas de objetos del mundo, los objetos o acontecimientos permanecen fuera del cuerpo, en el mundo (solo el mapa ocurre en el interior). Sin embargo un mapa del cuerpo, el objeto o acontecimiento de ese mapa está dentro del organismo. El objeto actúa sobre el cerebro (creando un mapa), pero en cualquier momento es posible actuar sobre ese objeto o acontecimiento corporal (que existe dentro del cuerpo). Cerrándose un bucle resonante que se asemeja a una fusión cuerpo-mente.

El proto sí mismo no es una mera colección de mapas del cuerpo, comparable a una colección de cuadros expresionistas abstractos que llevo en el cerebro. El proto sí mismo es una colección de mapas que permanecen conectados de manera interactiva a su fuente. Las imágenes de los objetos del mundo no están conectadas físicamente con su fuente, solo están en mi cerebro.

El proto sí mismo es pues una plataforma razonablemente estable y, por tanto, una fuente de continuidad. Utilizamos esta plataforma para inscribir los cambios que conlleva interactuar con el mundo (por ejemplo cuando miramos o tomamos algo), o para inscribir cambios o modificaciones del estado o estructura del organismo (por ejemplo al sufrir una herida, o por la baja de azúcar en sangre).
Los cambios se inscriben o se registran con respecto al estado actual del proto sí mismo (comparativamente). Y este registro de cambio o modificación desencadena acontecimientos fisiológicos posteriores (que también serán reconocidos como cambios en los mapas del proto sí mismo). Veremos la importancia de la modificación de estos mapas (tendentes a la invariabilidad homeostática) al describir el sí mismo central.

 

El sí mismo central. (pág. 307)

El sí mismo central implica la introducción de algo nuevo hasta ahora “un protagonista”. A partir de un protagonista podrá aparecer la subjetividad.

El primer paso para el sí mismo central es la aparición de un “objeto” o acontecimiento”.  Siempre que el organismo encuentra un objeto (o acontecimiento), ese encuentro cambia al proto sí mismo.
Esto ocurre porque, para acotar el objeto como un mapa cerebral, el cerebro tiene que ajustar el cuerpo de una manera adecuada, y los resultados de esos ajustes como el contenido del mapa-imagen son remitidos como señales al proto sí mismo.

Los cambios del proto sí  mismo (provocados por el encuentro con un objeto) inauguran la creación pasajera del sí mismo central y dan inicio a una cadena de acontecimientos.

1º: Transformación del sentimiento primordial, que da como resultado un “sentimiento de conocer el objeto”.

2º: consecuencia del sentimiento de conocer, se genera “prominencia” para el objeto. Atraer recursos del procesamiento y dirigirlos hacia un objeto particular (en prominente) y no hacia otros (atención, figura).

El relato no verbal de esta cadena de acontecimientos, que ocurre de manera incesante,  hace que la mente se represente el hecho de que existe un protagonista (al que le están ocurriendo ciertos acontecimientos). Este protagonista es el mí mismo material.

A lo que era lisa y llanamente un proceso mental, se le añaden una serie de imágenes que producen una mente consciente, estas son:
-Una imagen del organismo (del proto sí mismo modificado por el objeto)
-La imagen de una respuesta emocional relativa al objeto (es decir, un sentimiento)
-Y una imagen del objeto prominente (realzado)

El sí mismo entra en la mente en forma de imágenes, contando incesantemente una historia de tales encuentros e interacciones. (Es una historia de encuentros entre el organismo y los objetos del mundo y los sentimientos de estas interacciones).

Este relato no verbal, no es aún una interpretación. Se trata más bien de una descripción no solicitada de acontecimientos. Para “interpretar” estos encuentros necesitamos de un cerebro con memoria abundante, lenguaje y razonamiento. En este caso este tipo de “relatos no verbales” del sí mismo central terminarán por producir un protagonista bien definido, un sí mismo autobiográfico.

El sí mismo central puede general este relato no solo a partir de objetos reales percibidos en el mundo. Sino que también a partir de objetos recordados. Puesto que el recuerdo de un objeto implica también el recuerdo de la interacción motora asociada al encuentro con el objeto real. El recuerdo o mapa de la interacción motora asociada al objeto recordado modifica igualmente el proto sí mismo, por lo que igualmente se desencadena el proceso que da lugar al relato del sí mismo central.

Cada cadena de acontecimientos que se origina en el encuentro del organismo con un objeto, genera este proceso que Damasio llama “pulso del sí mismo central”.
Un pulso implica: el encuentro con un objeto, la modificación (a partir de este encuentro) del proto sí mismo, el sentimiento de conocer el objeto y la prominencia del mismo, y la aparición en la mente del mapa del organismo (modificado), del mapa del objeto, y del mapa del sentimiento (respuesta emocional).
El sí mismo central es un continuo proceso de pulsos. No verbal.

Como el organismo está en continua relación con numerosos objetos y acontecimientos es necesario un sistema de prioridad. Esto se da con los sentimientos asociados al objeto. Cada vez que se da un pulso relacionado a un mismo objeto se garantiza la producción de sentimientos relacionados a ese objeto. A su vez un sentimiento fuerte en relación a un objeto, constituyen un sí mismo firme, esto es más alerta o contactado (incrementa el estado de vigilia).
Los pulsos del sí mismo central confieren grados de valor a las imágenes del objeto causante del pulso, y de este modo le dan mayor o menor prominencia.
Esta diferenciación de las imágenes que fluyen organiza el paisaje de la mente, configurándolo en relación con las necesidades y las metas del organismo.

A nivel neurológico este proceso del sí mismo implica asociar varios mapas de imágenes. Esto puede ocurrir en regiones del cerebro que están estructuradas en capas consecutivas de neuronas, de tal modo que en cada capa superpuesta de neuronas se puede “reproducir” o “proyectar” un determinado mapa y relacionar o asociar los mapas representados en cada capa, al sobreponer las imágenes de cada capa.
Esto es posible en ciertas regiones del tálamo, en especial los núcleos asociativos del tálamo, cuya situación es ideal para establecer vínculos funcionales entre conjuntos separados de actividad cortical.

Un ejemplo para explicar este proceso en el cerebro.
Damasio pone un ejemplo (está en su departamento frente al mar mirando como los pelícanos pescan).
Los ojos siguen los movimientos de los pelícanos, los cristalinos modifican la distancia focal, las pupilas se adaptan a la intensidad de la luz, los músculos oculares trabajan moviendo el globo ocular, el cuello ayuda ajustando los músculos. Y Damasio está disfrutando del espectáculo.
Como consecuencia de este frenesí de vida y actividad cerebral, a las cortezas visuales (occipitales) llegan señales de los mapas de la retina que representan gráficamente a los pelícanos (en mapas neuronales) y definen su apariencia como objeto a conocer (en el cerebro se están elaborando una profusión de imágenes en movimiento).
De forma paralela hay otras señales que están siendo procesadas en una diversidad de regiones cerebrales: en los campos oculares frontales (que registran los movimientos del globo ocular), en las cortezas somatosensoriales laterales (que dibujan la actividad muscular de cabeza, cuello y rostro), en las estructuras relacionadas con las emociones - del tronco encefálico, cerebro anterior basal, ganglios basales, y cortezas insulares – (cuyas actividades combinadas contribuyen a generar la sensación de placer que siento a ver los pelicanos), en los colículos superiores (recibe y combina mapas de la escena visual, movimientos oculares, y el estado del cuerpo), y en los núcleos asociativos del tálamo.
Resultado de todos estos cambios, los mapas interoceptivos y de los portales sensoriales (ver proto sí mismo) constatan una perturbación. Estos mapas se sienten (sentimiento primordial), la modificación del sentimiento primordial sentido en el proto sí mismo, se convierte en diferentes sentimientos de conocer relativo a los objetos (pelicanos). En consecuencia a este sentimiento de conocer los mapas visuales de los pelicanos reciben mayor prominencia que otros mapas de objetos, que está siendo procesado de modo inconsciente en la mente.
Este otro material podría competir por un tratamiento consciente, pero no consigue hacerlo, porque, por varias razones, los pelicanos son muy interesantes, es decir, me resultan valiosos.
(Los núcleos encargados de la gratificación y el refuerzo -en diversas regiones del cerebro-  logran dar ese tratamiento especial a las imágenes de los pelícanos)

Un sentido de la pertenencia de las imágenes, así como un sentido de agencialidad surgen de este tipo de sentimientos de conocer. Al mismo tiempo, los cambios en los portales sensoriales han colocado el objeto a conocer en una definida perspectiva relativa a mí mismo.

De este mapa cerebral a escala global surgen, como si fueran pulsos, estados del sí mismo central.
…“Pero de repente, el teléfono suena  y el encanto se rompe. Mi cabeza y mis ojos se mueven inexorablemente aunque con renuencia hacia el aparato. Me levanto. Y todo el ciclo de elaboración de la conciencia empieza de nuevo. Los pelicanos han salido de mi campo visual, ahora centrada en el teléfono.”

 


El sí mismo autobiográfico (pág. 319)

Las autobiografías están hechas de recuerdos personales, son la suma total de todo cuanto han sido vivencias y experiencias de nuestra vida, incluyendo los planes de futuro.
Los sí mismos autobiográficos son autobiografías hechas conscientes.

Se basan en el campo de acción de la propia historia memorizada, tanto la reciente como la distante, incluyendo las experiencias sociales de las que formamos parte, y los recuerdos emocionales.

Mientras el sí mismo central late incansable, siempre “en línea”,  el sí mismo autobiográfico, lleva una doble vida, por un lado puede ser público o abierto, y por otro lado puede permanecer latente, aguardando el momento de activarse (fuera de la conciencia accesible) y es posiblemente aquí (fuera de la conciencia) donde la conciencia de sí madura, gracias a la gradual sedimentación y reelaboración de la propia memoria. A medida que las experiencias vividas son reconstruidas y repetidas, ya sea en la reflexión consciente o en el procesamiento no consciente son reevaluadas en su sustancia e inevitablemente reordenadas, modificadas lo mínimo o a fondo en término de su composición de hechos y de su acompañamiento emocional. En términos neurobiológicos, esta labor de construcción y reconstrucción se produce en gran medida en un procesamiento no consciente (incluso en sueños) Esto se produce gracias a la arquitectura de Convergencia – Divergencia (dedica un capítulo -6- a explicar este tipo de arquitectura neuronal, donde los objetos y eventos se guardan codificados en la memoria, las imágenes se codifican con la finalidad de no ocupar tanto espacio de “almacenamiento”) a fin de convertir las imágenes codificadas que se hayan contenidas en el espacio disposicional (donde se almacenan los recuerdos decodificados) en imágenes explicitas en el espacio de imágenes.


La estrategia del cerebro para construir el sí mismo autobiográfico podría ser así:

1º conjuntos sustanciosos de recuerdos biográficos definitorios tienen que agruparse de tal modo que cada uno que cada uno pueda ser fácilmente tratado como un objeto individual. Cada uno de esos objetos puede modificar el proto sí mismo y producir su pulso de sí mismo central

2º Dado que los recueros son tan numerosos, es necesario coordinar la evocación de los recuerdos.
Los niveles complejos del sí mismo autobiográfico, abarcan tantos objetos autobiográficos que requieren numerosos pulsos del sí mismo central. Por lo tanto, construir el sí mismo autobiográfico exige un aparato neural capaz de obtener pulsos del sí mismo central múltiples, durante una breve ventana de tiempo, para que arranque un nº sustancial de componentes, al tiempo que los resultados se mantienen unidos de manera transitoria.
Las imágenes que constituyen la autobiografía se dan en la corteza cerebral, pero para que sean conscientes estas mismas imágenes deben interactuar con el proto sí mismo en el tronco encefálico. Por lo que el sí mismo autobiográfico necesitará mecanismos de coordinación muy sofisticados, algo que no es necesario para el sí mismo central.

Para esto se necesitan dos mecanismos combinados
1º - que cada conjunto biográfico de recuerdos sea tratado como un objeto y se haga consciente en un pulso del sí mismo central
2º - Una operación de coordinación que incluye:
• Contenidos evocados a partir de la memoria y presentados como imágenes.
• Las imágenes interactúan ordenadamente con el proto sí mismo
• Los resultados de esta interacción se mantienen coherentemente durante una determinada ventana de tiempo.

Es pues necesario un centro cerebral que coordine estos procesos complejos. La decisión de la coordinación no la produce “un misterioso agente exterior”, sino más bien una serie de factores naturales como el orden de introducción de los contenidos en el proceso de la mente y el valor acordado de estos contenidos (valor marcado por los sentimientos asociados), el valor se asigna desde la disposición del valor biológico (de autorregulación y homeostasis) y en disposiciones adquiridas por un aprendizaje social.

Hay varios centros que podrían ser candidatos a realizar estas labores de coordinación necesarias para el sí mismo autobiográfico.
Damasio propone que las Cortezas posteromediales (amplia zona de la corteza cerebral en ambos hemisferios.
Las cortezas posteromediales colaboran en el ensamblaje de los estados del sí mismo autobiográfico. Sustentando la constitución de despliegues momentáneos y transitoriamente cohesivos de conocimiento.

 

 

 

 

 

Reflexiones desde la Gestalt (Antonio Martínez)

Hay muchos aspectos de las bases de Damasio que suenan muy familiares a oídos de los gestaltistas.

• El self o el sí mismo es un proceso no una cosa.
• La homeostasis (y la autorregulación) como base biológica de la conciencia.
• La importancia de los sentimientos en el ser humano por encima de lo cognitivo.
• Como el sí mismo se produce en el encuentro del organismo con el entorno (Self como contacto organismo/entorno)
• La prominencia de una figura que se genera en el contacto organismo entorno. Pulsos del sí mismo central a partir de la modificación del proto sí mismo (organismo) por el encuentro con un objeto.
• Al leer a Damasio podemos ver conceptos como, continuo de conciencia, figura y fondo, precontacto, contacto y postcontacto.

Pero uno de las cosas más llamativas es el paralelismo que se puede hacer de las funciones del self que plantea Goodman con los tres estadios cerebrales del sí mismo de Damasio.
Podemos reconocer un gran paralelismo entre el modo ello y el proto sí mismo, entre el modo yo y el sí mismo central y entre el modo personalidad y el sí mismo autobiográfico.

Esta comparación ayuda a comprender mejor estos modos planteados por Goodman al poder mirarlos desde una comprensión neurobiológica, y nos plantea una serie de reflexiones interesantes al hacer el paralelismo.

Por ejemplo en Gestalt se plantea que la psicosis puede implicar una dificultad en el modo ello, lo mismo plantean algunos autores sobre los trastornos de personalidad. Esto podría verse desde Damasio como una dificultar en sentirse adecuadamente, como si una persona con este tipo de trastorno tuviera dificultad en sentir los sentimientos primarios o en reconocer un sentir estable de su propio organismo donde “sostener” su propio ser. Podríamos imaginar la angustia que se puede sentir al vivir sin estar “sostenido” en una sensación corporal estable, y ver como la angustia de los trastornos de personalidad son tan basales (como decía un conocido al hablar de la angustia de una persona con trastorno de personalidad “su angustia no es de la etapa infantil, ni de su etapa fetal, su angustia es de cuando era ameba”). El proto sí mismo, es la parte de la conciencia más básica, es el fundamento del sí mismo, y una alteración (no me refiero a alteración anatómica sino funcional) en ese proceso del proto sí mismo, implicaría trastornos básicos y fundamentales difíciles de modificar. Por tanto ¿Habría algún tratamiento capaz de permitir que el sujeto pudiera sentirse sostenido en su propio cuerpo de forma estable?
Otros autores sostienen que este tipo de alteraciones (psicosis y trastornos de personalidad o caracterológicos) alteran el modo yo más que el modo ello.


Es interesante revisar las descripciones psiquiátricas de psicosis y trastorno de personalidad, en ambas se habla de “disminución, alteración o pérdida del yo”, como el yo en gestalt es el sí mismo, y el sí mismo se entiende como contacto organismo/entorno. Entender que esta perdida o alteración del yo es una alteración de este proceso que describe Damasio es fácil de presuponer. Con lo cual pensar que el tratamiento de la psicosis y el trastorno de personalidad, más (o además) que centrarse en un cambio de visión autobiográfica (modo personalidad) debería centrarse en sentirme a mí mismo con cierta estabilidad y “sostenido” en el propio cuerpo, en los sentimientos primarios. Por tanto tendría sentido ayudar a restablecer el reconocimiento de “sentires” muy básicos como dolor, placer, miedo, alegría,… pudiendo confiar en el reconocimiento y apoyo de las emociones y sentimientos más primarios y no verbales. En definitiva recuperar o recomponer el proto sí mismo, o lo que es lo mismo los sentimientos primarios con cierta estabilidad (donde puedo reconocer que soy no verbalmente)

Por mientras la neurosis tiene más que ver con la visión existencial o constructos de mí mismo y del mundo, desde niño voy desarrollando una visión de cómo es el mundo en el que vivo, de cómo soy yo en ese mundo y como es la relación entre mi y el mundo. Esa visión es lo que Goodman llama modo personalidad y Damasio el sí mismo autobiográfico. Cuando esta visión de mi y del mundo no es muy favorable, entonces para poder sobrevivir a esta visión de mi y del mundo tengo que buscar ciertas soluciones que si se ridigifican pueden convertirse en la solución neurótica. Por lo general el conflicto ocurre a responder a dos inquietudes o dos preguntas no verbales ¿puedo ser? y ¿Puedo ser querido? La solución neurótica para responder estas dos preguntas, suele implicar la opción de usar y ser de ciertas formas, y  no usar o no ser de ciertas otras, generando la polarización del sí mismo (autobiográfico). Modificar esta visión autobiográfica de sí mismo y del mundo es el trabajo central en la psicoterapia con neurosis. La integración de las polaridades implica al mismo tiempo la modificación de la construcción autobiográfica de mundo y de sí mismo.

 

Antonio Martínez Ribes
Julio 2011

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